Sociedad
La expulsión de los judíos
Los Reyes Católicos ordenan que todos los judíos de sus reinos se conviertan o abandonen España en menos de cuatro meses.
- Edicto
- 31 de marzo de 1492, Granada
- Plazo para irse
- Hasta el 31 de julio de 1492
- Cifra de expulsados
- Muy discutida: de decenas de miles a 200.000
- Destino principal
- Imperio otomano y norte de África
- Ojo
- La mayoría de los judíos españoles se convirtió en vez de exiliarse

Qué pasó
El 31 de marzo de 1492, apenas unas semanas después de la toma de Granada, Isabel y Fernando firmaron en la ciudad el edicto que obligaba a los judíos de sus reinos a bautizarse o marcharse antes del 31 de julio. El decreto argumentaba que su presencia dificultaba el control sobre los conversos, sospechosos de mantener en secreto prácticas judías.
Las cifras de expulsados se discuten mucho: crónicas de la época hablan de hasta seiscientas mil personas, pero los estudios modernos, basados en el tamaño real de la población judía peninsular, calculan cifras muy inferiores, de entre unas decenas de miles y no más de doscientas mil, ya que la mayoría de los judíos españoles optó por convertirse antes que exiliarse.
Por qué importa
Quienes se marcharon se repartieron por el norte de África, Portugal, Italia y sobre todo el Imperio otomano, donde el sultán Bayaceto II los recibió y, según la tradición, comentó que el rey Fernando empobrecía su reino para enriquecer el suyo. Esa diáspora, la sefardí, conservó durante siglos la lengua y las costumbres de la España que la había expulsado.
Buena parte de esa comunidad se instaló en ciudades del Imperio otomano como Salónica o Estambul, donde durante generaciones mantuvo el judeoespañol o ladino, una lengua derivada del castellano medieval que todavía hablan algunos de sus descendientes. Otros grupos se establecieron en Ámsterdam y el norte de Europa, y desde allí participaron activamente en el comercio internacional de los siglos siguientes.
Qué vino después
El edicto siguió teóricamente vigente durante casi cinco siglos, hasta que el gobierno de Francisco Franco lo declaró abolido en 1968, en el contexto del acercamiento del Concilio Vaticano II entre católicos y judíos. El gesto tuvo entonces un valor sobre todo simbólico, ya que ningún judío llevaba siglos siendo perseguido en España por aplicación directa de aquel texto.
En 2015 el Parlamento español aprobó una ley que permitía a los descendientes de los sefardíes expulsados solicitar la nacionalidad española sin necesidad de residir en el país ni renunciar a la que ya tuvieran. El plazo se cerró en 2019, y el Estado ha concedido desde entonces la nacionalidad a más de setenta mil personas, con miles de expedientes todavía pendientes de resolución.
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Fuentes: Edicto de Granada (Wikipedia) · Patronato de la Alhambra y Generalife

