Mapa de conexiones
Entra por una persona o por un suceso y mira con qué está unido. Clica cualquier círculo y ése pasa al centro: el mapa se rehace a su alrededor y puedes seguir tirando del hilo hasta donde quieras.
Los tres anillos
Lo que separa un anillo del siguiente no es el tema: es cuánta gente hay detrás del enlace. En el de dentro están los 353 enlaces donde alguien escribió una frase explicando por qué esas dos cosas están unidas, y esa frase sale debajo del mapa. En el de en medio, los 2089 que alguien eligió a mano pero sin explicarlos. En el de fuera no hay nadie: los calcula tu navegador en el momento de clicar, comparando tema, país, colección y cercanía en el tiempo.
Por eso los de fuera van finos y discontinuos. Un enlace calculado puede ser una tontería —«mismo tema y mismo siglo» junta cosas que no tienen nada que ver— y el dibujo tiene que decirlo sin que haga falta leer esto. Los de dentro, en cambio, los ha revisado una persona una por una.
Caben unos veinte círculos a la vez, y en el móvil doce. Lo que no cabe no se pierde: está en el mapa del vecino, a un clic. El camino que vas haciendo se queda escrito debajo, y el botón de atrás del navegador lo deshace.
Lo que el mapa no dice
Que dos cosas estén unidas no dice que una causara la otra. La mayoría de estos enlaces son de la forma «esto se entiende mejor sabiendo aquello», que es como está pensado el enlazado de la web: cada ficha apunta a las dos o tres que más ayudan a situarla. Para la causa y el efecto de verdad —de qué sale cada invento y cada género musical— están los árboles de inventos y música, que son otra cosa y se dibujan solos.
Y hay un sesgo que conviene saber: solo dos colecciones tienen genealogía escrita, así que el anillo de dentro estará vacío en la mayoría de los sucesos. Cuando lo esté, lo que ves es lo que alguien eligió sin explicar, y lo que ha calculado una máquina.