Filosofía y pensamiento
Kant pregunta qué podemos saber, y descubre el límite
Sostiene que no conocemos el mundo tal como es, sino tal como nuestra mente puede recibirlo. Con eso cambia la pregunta de toda la filosofía.
- Su giro
- Los objetos se ajustan a nuestro conocimiento, no al revés
- El límite
- Conocemos los fenómenos; la cosa en sí, nunca
- Su vida
- Casi ochenta años sin salir de su ciudad y alrededores

Qué pasó
Immanuel Kant vivió sus casi ochenta años en Königsberg y sus alrededores, dando clases y publicando poco hasta que, a los cincuenta y siete, sacó un libro de más de ochocientas páginas que había tardado más de diez años en madurar. Contó que lo que le despertó de su sueño dogmático fue leer a Hume, que había demostrado que de la costumbre de ver dos cosas juntas no se sigue que una cause la otra.
Su respuesta es un giro que él mismo comparó con el de Copérnico. En vez de suponer que nuestro conocimiento se ajusta a los objetos, supongamos que los objetos, tal como los conocemos, se ajustan a las condiciones de nuestro conocimiento. El espacio, el tiempo y la causalidad no serían propiedades del mundo en sí, sino la manera en que nuestra mente organiza lo que recibe. De ahí se sigue algo incómodo: podemos conocer los fenómenos, nunca la cosa en sí.
Por qué importa
Porque marca la línea. La metafísica llevaba dos mil años discutiendo si el mundo es eterno, si el alma es inmortal o si Dios existe, y Kant demuestra que la razón, cuando sale de la experiencia posible, produce con la misma solidez la tesis y su contraria. No dice que esas preguntas no importen: dice que no son del tipo que la razón teórica puede contestar.
El sistema no acaba ahí. El imperativo categórico —obra de modo que la máxima de tu acción pudiera ser ley universal, y trata a las personas siempre como fines y nunca solo como medios— lo formula en 1785, en la «Fundamentación de la metafísica de las costumbres». Las dos críticas siguientes se ocupan de la moral y de la estética.
Después de él casi nadie pudo escribir filosofía sin situarse a favor o en contra. El idealismo alemán, el positivismo, la fenomenología y buena parte de la filosofía analítica arrancan discutiendo con este libro. Sobre su tumba está grabada su frase sobre las dos cosas que le llenaban de admiración: el cielo estrellado sobre él y la ley moral dentro de él.
Lugar: Königsberg, hoy Kaliningrado · Ver en OpenStreetMap
Quién está detrás
Para seguir leyendo
Relacionado
Mientras tanto, en el resto del mundo
Fuentes: Stanford Encyclopedia of Philosophy · Biblioteca Nacional de España
Situarlo en la línea del tiempo de Historia de la filosofía →
