1632–1723 Microscopista
Antonie van Leeuwenhoek
Vendía paños en Delft, no había pisado una universidad y solo escribía en neerlandés. Con lentes del tamaño de una cabeza de alfiler fue el primero en ver microbios.
- Nació
- 24 de octubre de 1632, Delft, Países Bajos
- Murió
- 26 de agosto de 1723, Delft
- Oficio
- Comerciante de paños y funcionario municipal en Delft
- Lentes
- Más de 500, de una sola lente; la más potente conservada aumenta 266 veces
- Cartas
- A la Royal Society de 1673 a 1723, siempre en neerlandés

Quién fue
Perdió de niño a su padre, y cuando murió su padrastro, en 1648, lo mandaron a Ámsterdam de aprendiz con un comerciante de lienzos. Volvió a Delft y abrió su propia tienda de paños y mercería. En 1660 consiguió un cargo municipal, chambelán de los alguaciles de la ciudad, que le aseguró una renta. Desde entonces dedicó cada vez más tiempo a pulir lentes y mirar cosas muy pequeñas.
No tenía estudios universitarios ni sabía latín, la lengua de la ciencia. Probablemente le animó la Micrographia de Robert Hooke, publicada en 1665. Pero no usó el microscopio compuesto, que ya existía, sino uno de una sola lente diminuta, a veces no mayor que una cabeza de alfiler, montada entre dos placas de latón. Pulió más de quinientas en su vida; la más potente de las que se conservan aumenta 266 veces, con una imagen más limpia que la de los compuestos de su tiempo.
Por qué se le recuerda
Porque vio antes que nadie un mundo cuya existencia nadie sospechaba. En 1673 Reinier de Graaf y Constantijn Huygens lo pusieron en contacto con la Royal Society de Londres, y durante cincuenta años le escribió cartas en neerlandés contando lo que veía. La más famosa, del 9 de octubre de 1676, describe los animálculos que nadaban en agua de lluvia, de pozo y en una infusión de pimienta: seres tan pequeños que cien de ellos puestos en fila no llegaban al largo de un grano de arena gruesa. Entre ellos había protozoos y probablemente bacterias.
En Londres no le creyeron: un comerciante sin estudios decía haber visto criaturas vivas en una gota de agua. La Royal Society pidió a Hooke que lo comprobara, y Leeuwenhoek mandó ocho testimonios de gente de prestigio —un pastor luterano, un notario, un abogado— que habían mirado por sus lentes. Hooke repitió la observación al tercer intento, en 1680 la sociedad lo eligió miembro y en una carta de 1683 aparecen los seres de la placa de sus propios dientes: los primeros dibujos de bacterias que se conocen.
Lo que no salió bien fue su secreto. Nunca explicó cómo pulía las lentes ni cómo iluminaba las muestras para distinguir algo tan pequeño como una bacteria. Siguió trabajando casi hasta su muerte, a los noventa años, y no dejó discípulos.
Para seguir leyendo
Dónde aparece en la línea del tiempo
Vivió a la vez que
Fuentes: Nick Lane, «The unseen world: reflections on Leeuwenhoek (1677)», Philosophical Transactions of the Royal Society B, 2015 · «Neutron tomography of Van Leeuwenhoek's microscopes», Science Advances, 2021



