1606–1669 Pintor
Rembrandt
El pintor de moda de Ámsterdam acabó en quiebra y enterrado en una tumba alquilada. Se retrató a sí mismo durante cuarenta años sin adornarse nada.
- Nació
- 15 de julio de 1606, Leiden, Países Bajos
- Murió
- 4 de octubre de 1669, Ámsterdam
- Autorretratos
- Unos ochenta entre pinturas, grabados y dibujos
- La quiebra
- 1656: subastaron su casa y su colección
- La ronda de noche
- 1642. Ni es de noche: el oscuro era barniz sucio, que se limpió en 1947

Quién fue
Hijo de un molinero de Leiden, se instaló en Ámsterdam en 1631, en el momento en que la ciudad era la más rica de Europa y una burguesía sin nobleza ni corte quería verse retratada. Le fue muy bien: cobraba caro, tuvo docenas de alumnos, se casó con Saskia van Uylenburgh, compró una casa grande y llenó una habitación de armaduras, conchas, grabados y objetos exóticos.
Y luego le fue muy mal. Saskia murió en 1642, sus gastos no bajaron, el gusto cambió hacia una pintura más pulida y en 1656 tuvo que declararse insolvente. Vendieron su casa y su colección en subasta. Sus últimos años los pasó trabajando bajo una fórmula legal que le permitía seguir pintando mientras sus acreedores cobraban, y le sobrevivió muy poca gente: enterró a su compañera Hendrickje y a su hijo Titus antes de morir él.
Por qué se le recuerda
Por La ronda de noche, de 1642, donde hizo con un retrato colectivo lo que nadie había hecho: en vez de alinear a los milicianos que pagaban para salir, los pintó en movimiento, saliendo del cuadro, unos en sombra y otros en plena luz, con un perro, un niño y una niña iluminada en medio de la escena. Se cuenta que a los retratados no les gustó, pero no hay pruebas de ello; el cuadro estuvo colgado en la sede de la milicia durante décadas.
Y por los autorretratos. Se pintó, grabó y dibujó a sí mismo unas ochenta veces a lo largo de cuarenta años: joven y disfrazado, próspero y satisfecho, viejo y arruinado. Nadie ha dejado un registro comparable de su propia cara envejeciendo, y los últimos, con la piel deshecha en pinceladas gruesas y la mirada quieta, están entre los cuadros más honestos que existen.
Su técnica final desconcertó a sus contemporáneos por lo brusca. Cargaba la pintura hasta el relieve y dejaba zonas casi sin resolver. Un cliente se quejó y él, según la anécdota, contestó que el cuadro estaba terminado cuando él había conseguido lo que quería.
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Vivió a la vez que
Fuentes: Rijksmuseum · The National Gallery, Londres



