Guerras y conflictos
El asedio de Viena de 1683
Una carga de caballería polaca rompe el asedio otomano de Viena. Es el punto en que el Imperio otomano deja de avanzar en Europa.
- Fecha
- 12 de septiembre de 1683
- Quién rompió el asedio
- Juan III Sobieski, rey de Polonia
- Consecuencia
- Fin del avance otomano en Europa central
- Ojo
- Lo del croissant y el café son leyendas posteriores

Qué pasó
El gran visir Kara Mustafá llevaba desde mediados de julio de 1683 sitiando Viena con un ejército que las estimaciones sitúan por encima de los cien mil hombres. La ciudad resistía con una guarnición diez veces menor al mando de Ernst Rüdiger von Starhemberg, y a comienzos de septiembre los zapadores otomanos habían abierto ya varias brechas en las murallas.
El 12 de septiembre, un ejército de socorro formado por tropas imperiales, alemanas y polacas atacó desde las colinas boscosas del Kahlenberg, al noroeste. Lo mandaba Juan III Sobieski, rey de Polonia, y lo decidió al atardecer una carga de caballería, con los húsares alados polacos en cabeza, que suele describirse como la mayor de la historia.
Por qué importa
Fue el límite del avance otomano en Europa central. Hasta ese día, el imperio había sido durante tres siglos una potencia en expansión permanente sobre los Balcanes y el Danubio; a partir de ahí retrocedió sin interrupción. El fracaso se pagó caro: Kara Mustafá fue ejecutado en Belgrado por orden del sultán antes de que acabara el año.
La batalla fue también el momento fundacional de la Liga Santa promovida por el papado, que unió a Habsburgo, Polonia, Venecia y más tarde Rusia. Que un rey polaco acudiera a salvar Viena, con la que Polonia tenía sus propios agravios, dependió de una diplomacia paciente y de una subvención papal que financió la expedición.
Qué vino después
La guerra continuó dieciséis años más. Los imperiales tomaron Buda en 1686 y la paz de Karlowitz, en 1699, entregó Hungría y Transilvania a los Habsburgo. Aquel reparto es el origen directo del imperio danubiano que duró hasta 1918.
Del asedio han quedado dos leyendas tenaces: que el croissant imita la media luna otomana y que el café vienés nació de los sacos abandonados por los sitiadores. Ambas se documentan por primera vez en el siglo XIX, cuando la ciudad construía su propia mitología. Más resistente aún es el uso político del episodio: la fecha de 1683 se ha convertido en consigna recurrente de la retórica identitaria europea contemporánea.
Lugar: Viena, Austria · Ver en OpenStreetMap
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Mientras tanto, en el resto del mundo
Fuentes: Wien Museum · UNESCO — Centro histórico de Viena