1254–1324 Mercader y viajero
Marco Polo
Salió de Venecia con diecisiete años, volvió veinticuatro después y dictó en la cárcel el libro que enseñó Asia a Europa. Casi nadie le creyó.
- Nació
- 1254, Venecia
- Murió
- 8 de enero de 1324, Venecia
- El viaje
- 1271–1295: veinticuatro años fuera de casa
- El libro
- Dictado en una cárcel de Génova a un escritor de novelas de caballerías
- Il Milione
- El apodo viene probablemente de Emilione, un nombre de familia

Quién fue
Hijo y sobrino de mercaderes venecianos que ya habían hecho el viaje a Oriente una vez. En 1271 salió con ellos, con diecisiete años, en un trayecto que duró tres años y medio por Anatolia, Persia, el Pamir y el desierto de Taklamakán. Llegaron a la corte de Kublai Kan, nieto de Gengis y emperador de China, y allí se quedaron cerca de diecisiete años. Marco dice haber servido al kan en misiones y encargos por todo el imperio.
Volvió a Venecia en 1295. Poco después cayó prisionero en una guerra contra Génova y compartió celda con Rustichello de Pisa, un escritor de novelas de caballerías. Le dictó lo que había visto y Rustichello lo puso por escrito. Ese libro es lo único que queda del viaje: no hay documentos chinos que confirmen su presencia allí, y esa ausencia alimenta desde hace un siglo la discusión sobre cuánto vio de verdad.
Por qué se le recuerda
Porque su libro fue durante doscientos años la mejor descripción de Asia disponible en Europa. Contaba cosas que allí no existían: ciudades de un millón de habitantes, papel usado como dinero, carbón mineral que ardía como leña, un servicio de correos con postas. Se copió a mano en decenas de versiones y se tradujo a media docena de lenguas antes de que existiera la imprenta.
También se le tomó por un mentiroso. En Italia se le conocía como «el millón» —probablemente por un apodo familiar, Emilione, más que por la cantidad de cifras exageradas del libro— y de ahí quedó el título con que se conoce la obra, Il Milione. La leyenda dice que en su lecho de muerte, invitado a retractarse, respondió que no había contado ni la mitad de lo que vio.
Su efecto más importante llegó dos siglos después. Su descripción de Cipango —Japón— y de las riquezas de Oriente alimentó la idea de que valía la pena buscar un camino más corto por el oeste.
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Vivió a la vez que
Fuentes: Bibliothèque nationale de France · The Metropolitan Museum of Art



