Sociedad
La deportación de los tártaros de Crimea
En tres días, la Unión Soviética deporta a todo un pueblo —unas 190.000 personas— acusándolo en bloque de colaborar con los alemanes.
- Fecha
- 18 de mayo de 1944
- Deportados
- Unas 190.000 personas en tres días
- Regreso
- No autorizado hasta finales de los años ochenta

Qué pasó
La operación empezó de madrugada el 18 de mayo de 1944, menos de una semana después de que el Ejército Rojo completara la reconquista de Crimea. Decenas de miles de agentes y soldados del NKVD entraron a la vez en los pueblos y dieron a cada familia entre quince y treinta minutos para recoger lo que pudiera cargar. En tres días, unas ciento noventa mil personas fueron metidas en vagones de mercancías con destino a Asia Central, sobre todo a Uzbekistán.
El viaje duró semanas sin agua ni comida suficientes, y a la llegada esperaban asentamientos especiales con régimen de vigilancia del que no se podía salir sin permiso. Las estimaciones sobre la mortalidad en los dos años siguientes varían mucho según la fuente, entre un quinto y casi la mitad de los deportados. Semanas después se deportó también a los griegos, armenios y búlgaros de la península.
Por qué importa
La acusación de haber colaborado con los alemanes se aplicó a un pueblo entero, sin distinguir a nadie: incluía a los miles de tártaros que en ese momento combatían con el Ejército Rojo y que, al ser desmovilizados, fueron enviados a reunirse con sus familias en el destierro o a batallones de trabajo. Es el rasgo que define el castigo colectivo, y Crimea fue solo uno de los casos: chechenos, ingusetios, calmucos, balkarios y alemanes del Volga corrieron una suerte parecida.
Lo que siguió fue una operación de borrado. Se cambiaron por decreto casi todos los topónimos de la península, se destruyeron cementerios y libros, y el pueblo tártaro desapareció de los censos, los mapas y los manuales escolares, hasta el punto de que varias generaciones crecieron en Crimea sin saber quién había vivido allí.
Qué vino después
Un decreto de 1967 retiró la acusación de traición, pero siguió sin autorizarse el regreso: quienes lo intentaban no obtenían el permiso de residencia y eran expulsados otra vez. De esa contradicción nació uno de los movimientos disidentes mejor organizados de la Unión Soviética, con Mustafá Dzhemilev como figura más conocida y con el apoyo de militares y científicos rusos que lo pagaron con la cárcel o el psiquiátrico.
El regreso masivo empezó a finales de los años ochenta y en las décadas siguientes volvieron unos doscientos cincuenta mil tártaros, que reconstruyeron sus instituciones. Tras la anexión rusa de 2014, su asamblea representativa fue prohibida y sus dirigentes tienen vetada la entrada. Ucrania calificó la deportación de genocidio en 2015 y el Parlamento Europeo se pronunció en el mismo sentido; en 2016, la cantante Jamala ganó Eurovisión con una canción titulada 1944 sobre lo que le ocurrió a su bisabuela.
Lugar: Crimea · Ver en OpenStreetMap
Mientras tanto, en el resto del mundo
Fuentes: Parlamento Europeo · Deportación de los tártaros de Crimea (Wikipedia)