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Arte y cultura

Altamira, donde el arte empezó a mirar

Una niña de ocho años levanta la vista en una cueva cántabra y descubre un techo de bisontes que los expertos tardarán más de veinte años en aceptar como auténtico.

Antigüedad
Entre 36.000 y 14.000 años, según la zona
Descubridora
María Sautuola, 8 años, en 1879
Reconocimiento
Aceptada como auténtica en 1902
Declaración
Patrimonio Mundial de la Unesco, 1985
Ojo
Se la acusó de falsificación durante más de veinte años

Fecha aproximada: las fuentes dan un margen.

Altamira, donde el arte empezó a mirar
El techo de bisontes de Altamira, en la réplica del Museo Arqueológico Nacional.José-Manuel Benito · Dominio público

Qué pasó

En 1879 el terrateniente aficionado a la arqueología Marcelino Sanz de Sautuola excavaba el suelo de la cueva de Altamira buscando huesos y herramientas cuando su hija María, de ocho años, alzó la vista y vio el techo cubierto de bisontes, ciervos y caballos pintados en rojo, negro y ocre. Sautuola publicó el hallazgo convencido de que era obra del Paleolítico, pero la comunidad científica europea, reunida un año después en un congreso en Lisboa, lo acusó de fraude: nadie creía que un pueblo tan antiguo pudiera pintar con esa calidad.

Por qué importa

Las figuras de Altamira no son garabatos sueltos: los artistas aprovecharon los relieves naturales de la roca para dar volumen a los lomos de los bisontes y mezclaron varios pigmentos minerales para lograr degradados de color. La cueva reúne pinturas de épocas distintas, separadas por miles de años entre sí, algunas de hace unos treinta y seis mil años y las más famosas, el techo de los bisontes, de hace entre catorce y dieciocho mil. Eso obligó a aceptar que el arte figurativo llevaba practicándose mucho más tiempo del que se pensaba.

Durante décadas Altamira fue un caso único, y por eso resultaba tan difícil de creer. La situación cambió a partir de 1940, con el descubrimiento de la cueva francesa de Lascaux, y sobre todo en 1994, con la aparición de Chauvet, de pinturas todavía más antiguas: ambos hallazgos confirmaron que este tipo de arte rupestre se practicó durante milenios en buena parte de Europa occidental, no solo en un rincón de Cantabria.

Qué vino después

Sautuola murió en 1888 sin ver reconocido su hallazgo. La revancha llegó en 1902, cuando aparecieron pinturas similares en cuevas francesas y el prehistoriador Émile Cartailhac, que había liderado el rechazo, publicó un artículo titulado La cueva de Altamira, mea culpa de un escéptico, retractándose en público. Desde entonces Altamira se conoce como la Capilla Sixtina del arte cuaternario, y en 1985 entró en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Las propias pinturas terminaron siendo víctimas de su fama: el dióxido de carbono y la humedad que exhala cada visitante deterioraban los pigmentos, así que la cueva original se cerró al público en 2002. Desde 2001 funciona al lado una réplica exacta, la Neocueva, visitada cada año por unas doscientas cincuenta mil personas, y desde 2014 solo cinco personas por semana, elegidas por sorteo entre miles de solicitudes, pueden entrar unos minutos al original.

Lugar: Santillana del Mar, Cantabria · Ver en OpenStreetMap

Fuentes: Cueva de Altamira (Wikipedia) · Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira
Wikidata: Q133575 · Revisado el 30/08/2026

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